Escuchar para aprender

No necesitas a nadie para que te diga que necesitas escuchar a tus hijos. Pero también sabes que escuchar bien es más difícil de lo que parece. A veces, pensamos que no necesitamos escuchar. Otras veces, estamos distraídos u ocupados o no estamos preparados. ¿Qué podemos hacer para escuchar más eficazmente, especialmente durante el conflicto?

Asume que tienes algo que aprender y te importa lo suficiente para hacerlo

Muchos de nosotros asumimos que ya entendemos a nuestros hijos. Después de todo, son nuestros hijos. Les hemos visto crecer. Pero nuestros hijos no piensan del modo que piensas. Si quieres escucharles bien y entender sus puntos de vista, primero tienes que creer que tú tienes más que aprender, que tú no les entiendes tan bien como creías.

a. Vemos el mundo de diferente manera

Todos tenemos en cuenta diferentes cosas, dependiendo de lo que veamos pero también de lo que nos gusta, de cómo pensamos y de lo que es importante para nosotros. Cuando puedes ver lo que ellos ven, mejor puedes averiguar como manejar las diferencias.

b. Sus valores y prioridades son diferentes

La mayor parte de las cosas de la vida adquieren diferente significado para los niños. Los padres valoran la seguridad; los niños valoran la emoción. A los padres les interesa la educación; a los hijos los amigos. Los padres asumen que la vida está demasiado ajetreada; los niños que es demasiado aburrida. No asumas que entiendes lo que pasa por la cabeza de tu hijo.

c. Ellos se forman diferentes creencias y opiniones

La mayor parte del tiempo discutimos sobre conclusiones y opiniones, no sobre hechos. Tu hija cree que la nueve es una hora muy temprana para acostarse y tú crees que es demasiado tarde. Cuando está gestionando un conflicto entre creencias, mira qué razones hay detrás de las opiniones de tus hijos. Puede que pienses que las nueve es demasiado tarde porque quieres un tiempo tranquilo para ti; ella puede pensar que es demasiado pronto porque sus amigas pueden estar hasta las nueve y media. Si entendemos por qué ellos piensan como lo hacen encontraremos modos de lograr un compromiso (tu hija podría quedarse en su habitación leyendo o jugando en silencio).

Una vez que sabes que tienes que escuchar, tiene que importarte hacerlo. Nada mejorará tanto tu escucha como que de verdad te importe lo que tus hijos tengan que contarte. Puedes hacer preguntas, parafrasear, mantener el contacto visual, asentir con la cabeza pero si no te importa lo que tu hija te cuenta, ella lo notará.

Texto extraído y traducido de How to Negotiate with Kids… even when you think you shouldn’t. Scott Brown. Capítulo 4.

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